El Chullachaqui, o demonio del monte, que engaña a las personas especialmente a los cazadores presentándose convertido en algún animal.
El Tunchi, o alma en pena, que divaga por las calles y huertas de la ciudad, emitiendo silbidos cuando falta algunas días para que fallezca alguna persona.
El Yacu Mama, o madre del agua, en la creencia que todas las aguas tenían madre y que era un horrible monstruo con formas de serpiente gigantesca dotada de una gran cabeza y boca igualmente enorme lo que le facilitaba a satisfacer su extremada voracidad.
El Sitio Pesado, que es una narración de la presencia de diablos en algunos lugares sobre todos barrancos, que hacen su aparición bajo una serie de formas y figuras sorprendiendo al solitario transeúnte, produciendo miedo y terror.
Machacuyacu, quebrada al fondo de las pampas de Fachín que tributas sus aguas al Río Mayo, cuya creencia popular se gráfica en que una burra era la madre de dicha quebrada, que aumentaba de tamaño al ser montada por un grupo de traviesos niños con la pretensión de sumergirlos en el agua y llevarlos a su palacio debajo del agua.
La Runa Mula, que viene a ser la mujer casada que tiene relaciones sentimentales con el Cura. Ésta en las noches de los martes y los viernes toma forma de una blanca y hermosa mula, la misma que es montada por un pequeño jinete con látigo en la mano. Cuando éste llegaba a la casa de la mujer, ella se revolcaba por el suelo y al instante quedaba convertida en mula.
La Lamparilla, que era un esqueleto de hombre que lleva a la altura del pecho, en el mismo sitio del corazón una lámpara semejante a ese órgano y con una llama azul.
La Mina de Sal, cuyo relato refiere la presencia de una viejecita haraposa que al ser rechazada por unas panaderas, tuvo que alejarse más al fondo de las montañas; dicha viejecita resultó ser la Madre de la Sal, que por lo mismo alejó más las minas, y cuando los pobladores cotidianamente se fueron en afán de extraer la sal, se encontraron con la sorpresa que dichas minas habían desaparecido del lugar conocido, encontrándolo más al fondo de las montañas.
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